El reflujo o la regurgitación, es decir, el paso del contenido del estómago hacia el esófago en sentido opuesto al fisiológico, es algo muy común en los bebés. A continuación, veremos qué lo causa, cómo se manifiesta, qué medidas pueden tomarse para evitarlo y cuál es la mejor leche para el reflujo en bebés.

¿Qué causa el reflujo en bebés?

Al tragar, el contenido ingerido baja por el esófago en dirección al estómago, donde entra gracias a la relajación de un anillo muscular, el llamado esfínter esofágico inferior, que luego se cierra para evitar que el alimento pueda regresar al esófago.

En los bebés, este músculo puede no estar totalmente desarrollado, lo que facilita la regurgitación del contenido del estómago al esófago. De hecho, el reflujo fisiológico es muy común en los recién nacidos, y se considera que casi la mitad de los bebés lo padecen varias veces al día en los primeros tres meses de vida, hasta que el esfínter se desarrolla por completo.

Además, hay otras causas patológicas que pueden causar reflujo en los bebés, como la enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE); las alergias alimentarias, especialmente a la leche de vaca; la gastroparesia o retraso del vaciamiento gástrico; ciertas enfermedades metabólicas, o determinadas anormalidades anatómicas, como la estenosis pilórica.

¿Cuáles son los síntomas del reflujo y de la enfermedad por reflujo gastroesofágico en los bebés?

El reflujo fisiológico se manifiesta por la expulsión de leche después de la toma, normalmente en poca cantidad, sin que haya iniciado la digestión ni cambiado la acidez, y sin causar molestias en el niño.

No debe confundirse la regurgitación con el vómito. Mientras que la primera fluye con facilidad a través de la boca, en ocasiones acompañada de un eructo, y no causa molestias ni dolor, el vómito se expulsa de manera violenta y desagradable, y a menudo se acompaña de llanto e incomodidad en el bebé

En el reflujo gastroesofágico, en cambio, la leche que se expulsa ya ha empezado a digerirse y tiene mayor acidez, lo que provoca una quemazón desagradable en el lactante, que arquea su espalda y realiza movimientos anormales con el cuello y el mentón para intentar minimizarla. Las náuseas, los vómitos, los problemas de deglución, la irritabilidad, la inapetencia por la comida, el escaso aumento de peso debido al déficit calórico causado por la regurgitación frecuente, la tos y las sibilancias son algunas de las manifestaciones de la enfermedad por reflujo gastroesofágico.

¿Cómo puede evitarse que el bebé regurgite?

Alimentar al bebé a las primeras señales de hambre, permitirle descansar durante las tomas, evitar darle grandes cantidades de leche en una sola ingesta, no mover mucho al bebé después de comer y ayudarle a que expulse los gases, así como no tumbarlo mientras se lo alimenta, crear un entorno tranquilo y no acostarlo sin que haya eructado son algunas de las medidas que pueden adoptarse para evitar el reflujo en el bebé.

¿Qué leche para el reflujo puedo darle a mi bebé?

La modificación de la alimentación es una de las medidas que debe adoptarse en caso de reflujo o ERGE. Así, si se está realizando lactancia natural, se cambiará la dieta de la madre; se reducirán las cantidades de las tomas y se aumentará su frecuencia, mientras que, si la lactancia es artificial, podrá recurrirse a los espesantes (cereal de arroz) y las fórmulas hipoalergénicas.

En el mercado, existen fórmulas antiregurgitaciones con espesantes, como el almidón de maíz, el almidón de tapioca o las fibras naturales de algarrobo, de utilidad para los lactantes con este trastorno, por lo que, en caso de reflujo, deberá acudirse al pediatra para saber cómo y con qué alimentar al bebé.

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