Aunque cada bebé tiene sus peculiaridades, generalmente, hacia los 8-10 meses, tras haber conseguido sentarse solo, empezará a descubrir una manera de desplazarse y de ganar autonomía, el gateo. Veamos qué importancia tiene el gateo en el desarrollo del bebé y cómo podemos favorecerlo.

 

¿Por qué es tan importante el gateo?

El gateo es el primer paso para la autonomía motora del bebé, se haga de la manera que se haga: sobre manos y rodillas (gateo estándar), sobre manos y pies (gateo del oso), con la barriga en el suelo y arrastrando brazos y piernas (gateo de arrastre), etc. No hay que corregir al bebé: cualquier forma de gateo es beneficiosa y le sirve para prepararse para las etapas motrices posteriores: andar, correr, saltar…

Pero el gateo no sólo aporta beneficios físicos y neurológicos, en cuanto fortalece los músculos y ayuda a madurar el cerebro, sino que el gateo también permite ganar autonomía psicológica. Disponer de la capacidad de desplazarse le permite decidir dónde ir, qué explorar, descubrir el mundo que le rodea y experimentar sentimientos que hasta entonces no conocía: emoción, curiosidad, miedo… El gateo le genera también una mayor confianza en sí mismo.

Aunque el gateo es muy beneficioso, tampoco nadie debe agobiarse si un bebé no gatea, ni mucho menos obligarle a hacerlo. Que pase directamente a ponerse de pie y a caminar, sin gatear, no significa que vaya a tener problemas más adelante.

El equilibrio (sistema vestibular), la capacidad del cerebro de saber la posición exacta de todas las partes de nuestro cuerpo en cada momento (propiocepción), la estabilidad articular, la percepción visual espacial, la motricidad fina, el desarrollo táctil e, incluso, el establecimiento de la mano dominante (proceso de lateralización) y el desplazamiento corporal organizado (patrón cruzado) pueden verse favorecidos por el gateo.

 

¿Cómo ayudar a gatear al bebé?

Lo primero, más que ayudar, sería, como mínimo, como dicta la famosa máxima médica primum non nocere, no poner trabas que impidan el gateo del bebé. Y es que el miedo a la muerte súbita por dejar el bebé boca abajo por una parte, y el ritmo de vida de los padres o de los cuidadores que ha condenado a los niños a estar más tiempo sujetos en una sillita por otra, han provocado que cada vez haya más bebés que pasan directamente a caminar, sin apenas haber gateado antes.

Hay que facilitar el gateo y, para ello, pueden seguirse varias estrategias:

  • Ayudarle a fortalecer la musculatura de las piernas (p. ej., con el bebé tumbado boca arriba, hacer presión con nuestras manos sobre las plantas de sus pies, doblándole las rodillas con suavidad, para que el bebé haga fuerza en sentido contrario para intentar estirar la pierna)
  • Cuando la musculatura haya ganado tono, colocarlo boca abajo y hacer el mismo ejercicio de antes para afianzar el arrastre, incluso sirviéndose de juguetes u objetos llamativos colocados delante para animarle a alcanzarlos
  • Dejarle que tenga mucho contacto con el suelo, usando una alfombra o una manta y recurriendo nuevamente a los juguetes u objetos llamativos para motivarle
  • Acompañarle en la adquisición de la posición adecuada para el gateo, pero sin forzarle, e incluso gatear a su lado, para que te imite
  • Brindarle un espacio seguro, acogedor, cálido y limpio que le permita moverse libremente sin riesgos
  • Recurrir a las pelotas con ruidos y a los juguetes cilíndricos o con ruedas para que el bebé vaya detrás de estos

Porque, cuanto más tiempo pase el bebé en el suelo, más preparado estará para afrontar, con paso firme, su futuro.

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