El baño del bebé va más allá de la higiene, es fuente de estimulación, de contacto corporal, de exploración… Es un momento de cuidado, de mimo, de protección y de disfrute que generará un confort físico y psíquico que facilitará el desarrollo psicomotordel recién nacido. Veamos qué rutina mantener, cómo preparar el entorno, qué productos utilizar y cómo introducir el masaje y la lactancia artificial en el proceso.

Importancia de mantener una rutina de baño relajante consistente para el bienestar del bebé

Con la intención de mantener el ombligo lo más seco posible y, de este modo, ayudar a su correcta cicatrización y evitar las infecciones, una buena medida pasa por bañar al bebé por primera vez una vez caído el cordón umbilical y con el ombligo completamente cicatrizado, siempre contando con el consentimiento y las recomendaciones del pediatra.

Establecer una rutina del baño adecuada permitirá generar un momento de intimidad, de tranquilidad y de relajación, en el que padres, cuidadores y bebés se sientan cómodos y reconfortados. Pero, si el escenario es totalmente distinto, ¡qué no cunda el pánico! Hay bebés que, de entrada, rechazan el baño, lloran sin cesar y se sienten incómodos cuando se les introduce en la bañera, igual que también hay adultos que las primeras veces se tensan y sufren ante el miedo de que el bebé se les escurra de las manos.

Analizar cómo reacciona el bebé al baño será clave para decidir cuál es el mejor momento para realizarlo. Hay bebés a los que el agua les calma y les ayuda a conciliar el sueño más fácilmente y a descansar mejor, por lo que serán candidatos al baño nocturno, y otros que, lo disfrutan tanto, que se activan y despiertan todavía más, por lo que ducharlos a primera hora de la mañana puede ser una mejor opción.

Dejar la cara y la cabeza para el final del baño puede ser una buena medida para que se incomode menos con la experiencia.

Bañarlo cada día facilitará que, cuando crezca, entienda el baño como una medida de salubridad necesaria para mantener una buena salud.

Preparando el entorno: temperatura y ambiente adecuados

Un espacio libre de corrientes de aire, una temperatura ambiental adecuada (22-24 grados), una luz cálida y una temperatura del agua que gire alrededor de los 36-38 grados (el codo puede ser un buen «termómetro» para controlar la temperatura del agua) permitirán un entorno adecuado para el baño del bebé, que deberá introducirse en la bañera de manera gradual y con movimientos seguros, sujetándole firmemente y apoyando su espalda y su cabeza en el antebrazo de la extremidad no dominante, mientras con la mano se le sujeta el brazo y el hombro.

Tras el baño, que no debería durar más de 3-5 minutos en las primeras semanas, tendrá que secarse al bebé minuciosamente, sin frotar y sin olvidar los pliegues de la piel , para después aplicarle una crema hidratante adecuada, que puede aprovecharse para hacerle un suave masaje.

Y, aunque es una obviedad, nunca debe dejarse solo al bebé en la bañera ni un segundo.

Productos de cuidado: elegir los más suaves y seguros para el bebé

Tener a mano todos los productos necesarios para el baño del bebé, facilitará que la experiencia sea más agradable para todos.

Una toalla de algodón y una esponja natural suaves, así unos productos de higiene delicados para la piel del bebé, con un pH de 5,5 aproximadamente, serán de elección.

Arte del masaje: técnicas para relajar al bebé durante el baño

Aprovechar la loción hidratante de después del baño para masajear al bebé incrementará la sensación de confianza y seguridad del recién nacido, favorecerá el desarrollo psicomotor, mejorará los cólicos y potenciará su sistema inmunitario.

Una vez caído el cordón umbilical, podrán empezarse a dar masajes cortos, basados en repeticiones lentas y suaves que vayan aumentado la presión de manera gradual, adaptándose a la edad y la musculatura del recién nacido.

 

Referencias bibliográficas

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