¿Qué hacemos cuando no les gusta lo que comen?

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Silvia Álava. Psicóloga y directora del Área Infantil Centro de Psicología Álava Reyes.

Según el bebé vaya creciendo, se incorporarán distintos alimentos a su dieta. La pauta de introducción de los alimentos la irá marcando siempre su pediatra en función de la edad y las necesidades nutricionales del bebé. Es importante que los padres sigan dicha recomendación para evitar una mala nutrición en el niño e ir controlando la posible aparición de alergias alimentarias.

Al principio es importante dejar que los bebés toquen la comida, la cojan con las manos, se chupen los dedos… Es bueno que se sientan parte activa del proceso, además de esta forma haremos que poco a poco aumente su autonomía.

Cuando los padres estén comiendo, pueden ofrecer a su hijo alimentos que sean fáciles de masticar y que ellos puedan coger con la mano para que vayan probando los distintos sabores. De esta manera, también se acostumbrarán a las texturas de los alimentos y los conocerán mejor. Según van creciendo les ayudará ver que comen lo mismo que sus padres y será más fácil que acepten los nuevos sabores.

Los bebés tienen una gran capacidad de observación y les encanta imitar a sus padres, por lo que podemos aprovechar esto para dejarles coger determinados alimentos que no representen un peligro para el pequeño para que los vayan probando.

El sentido del gusto en los bebés

El sentido del gusto se desarrolla incluso antes de nacer y hay autores que afirman que el bebé es capaz de descubrir los diferentes sabores que su madre ingiere a través del líquido amniótico. Después, desde su nacimiento, el sentido del gusto se seguirá desarrollando, siendo su primera experiencia gustativa la leche materna o, en su defecto, de fórmula. Los bebés muestran una clara preferencia por los sabores dulces porque es el sabor tanto de la leche materna como de fórmula.

A partir de los seis meses, cuando se van introduciendo los nuevos alimentos, los bebés ya pueden experimentar otros sabores y texturas. Al no estar acostumbrados a los mismos puede que rechacen estos nuevos alimentos, pero eso no significa que no les guste, sino que tienen que descubrirlos y adaptarse a los nuevos sabores, a las nuevas texturas… Por eso los padres deberán armarse de paciencia y no dejar de ofrecerle los nuevos alimentos pautados por el pediatra, poco a poco y en pequeñas cantidades. Recordemos que nuestro principal objetivo como pediatras es que el niño crezca sano y para eso será fundamental llevar una dieta equilibrada y variada, acostumbrándole desde pequeño a comer de todo, será mucho más fácil de conseguir.

Ya hemos comentado en otras ocasiones que los bebés aprenden muy rápido y que además tienen una gran capacidad de observación, si algo no les gusta y se les cambia demasiado rápido y sin haberlo probado, el niño aprende que con las protestas o los llantos consigue su objetivo y puede que no adquiera unos correctos hábitos alimentarios.

Según van creciendo, los niños ya nos dirán si una comida les gusta o no. Cuando nos digan que una comida no les gusta es importante insistirles que por lo menos la prueben. En ocasiones los niños protestan porque dicen que no les gusta una determinada comida y ni si quiera la han probado, simplemente por el aspecto o porque prefieren comer otra cosa. Por eso es importante cuando sea un nuevo alimento presentarles una pequeña cantidad para que prueben al menos tres trocitos, y luego ya pasar a un alimento que les guste.

El sentido del gusto se tiene que desarrollar y no a todos nos gustan los mismos sabores y texturas, además con el tiempo pueden cambiar sus gustos. No obstante, esto nunca debe ser el pretexto para que el niño no esté correctamente alimentado. Es comprensible que a un niño le pueda no gustar por ejemplo el sabor de una fruta en concreto, el mango, el pomelo… Y podemos sustituir una fruta por otra, pero nunca dejar que no coma fruta, porque no le gusta ninguna, dado que tendría un efecto nocivo para su salud. Lo mismo ocurriría con las verduras. Una en concreto puede que no sea de su agrado y se puede sustituir por otra, pero no debemos reducir la cantidad diaria de fruta y verdura de la dieta de los menores, por mucho que nos digan que no les gusta.