Mi hijo no come nada

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Dra. Lucía Galán Bertrand. www.luciamipediatra.com

- No puedo más. Tiro la toalla. ¡Mi hijo no come nada! ¡Esto me supera! - me dice Paula, la madre de Marcos, desesperada en la consulta. Y como ella otras 10 esa misma semana.

Con este tema se han escritos ríos de tinta, libros enteros incluso. Arrojemos un poco de luz a todos aquellos padres que a pesar de haberles dicho su pediatra que su hijo está bien, que no tiene ninguna enfermedad y que es un niño menudo, siguen insatisfechos y necesitan encontrar una solución.

¿Qué necesita la madre de Marcos? La madre necesita que su hijo coma. Y que coma variado y que pruebe de todo.

¿Qué necesita Marcos para comer?¿Ver la tele?¿Necesita un castigo para que abra la boca? ¿Necesita ver a su madre o a su padre llegar al límite incluso traspasarlo ante su negativa?

No; es mucho más sencillo. Marcos para comer solo necesita tener una cosa: hambre.

  • Si tu hijo es “mal comedor” y quieres que coma aceptablemente a la hora de la cena; no le des una merienda abundante basada en zumos envasados, bollería o galletas. Un zumo envasado a las siete de la tarde es más que suficiente para que no pruebe bocado a la hora de la cena además de aportarle una cantidad exagerada de azúcar que no necesita. Merienda ligera: fruta.
  • Marcos no quiere merendar. Pues no habrá comida hasta la cena. Las patatas, snacks y galletas también son comida, “comida basura” pero comida. No se lo ofrezcas. Todo son desventajas. ¿Qué necesita el niño para cenar? Hambre.
  • NO LE OBLIGUES A COMER. Ni le abras la boca a la fuerza, ni le castigues si no come. Si le obligas, conseguirás el efecto contrario, rechazo total y absoluto hacia la comida.
  • Esmérate en la presentación. A ti te gusta que en los restaurantes te presenten los platos bonitos ¿verdad? A tu hijo también. Ellos también comen por los ojos.
  • No le des de comer a tu hijo lo que tú no te comerías
  • Raciones pequeñas, en plato de postre. Ponte en su lugar: Si tuvieses que probar algo por primera vez que no te convence ¿Qué prefieres? ¿Una montaña hasta arriba de ese alimento nuevo o una muestra pequeña? No le pongas medio kilo de acelgas hervidas, eso desanima a cualquiera.
  •  ¡A jugar! Les encanta. Cada día ha de probar algo nuevo. Si su plato preferido son los macarrones y tú quieres que pruebe la dorada que acabas de preparar con mimo; le pondrás dos platos de postre encima de la mesa, uno delante de él y otro a continuación; que él los vea. En el primero habrá 3 trocitos de dorada (sólo tres). Y en el plato que tiene enfrente le pondrás sus adorados macarrones (ya de paso hazle una salsa con tomate y alguna verdura).
    • Cariño, qué bien que en cuanto te comes los tres trocitos de dorada, podrás comerte el plato de macarrones- le dirás con la mejor de tus sonrisas.

Si prueba: ¡Estupendo! Se trata de que pruebe. No te preocupes tanto de la cantidad, es mucho más importante que lo haya entendido y ¡que pruebe! ¡Dale valor a la experiencia y no tanto al resultado final! Está demostrado que si un mismo alimento pasa por nuestra orofaringe 10 veces, termina por gustarnos. ¿Qué ocurre la primera vez que probaste una copa de alcohol? A nadie le gusta; lo mismo ocurre con el vino, con la cerveza y con los alimentos. Una vez se prueban repetidas veces, nuestro cuerpo los empieza a reconocer y termina por aceptarlos, incluso por disfrutarlos.

Si no lo prueba, no habrá macarrones. Repito: No habrá macarrones. Por supuesto no habrá lechita antes de dormir, ni nada que se le parezca. E insisto: no le fuerces ni le obligues a comer. No alargues este momento más de media hora. Si en media hora no lo has conseguido le dirás:

  • ¿No quieres comer? Bueno, tranquilo, mañana volveremos a intentarlo. Ale, cariño, vámonos a dormir- y le acariciarás, incluso le besarás la frente. Le llevarás a la cama, le contarás su cuento como corresponde y te comportarás como si nada hubiese pasado.

Le acostarás sin cenar y no le pasará nada. A ningún niño con comida a su alcance le pasa nada por no cenar unas cuantas noches. Cuando tenga hambre, comerá.

Y esto lo repetirás las veces que sea necesario hasta que empiece a probar los 3 trocitos que le pondrás cada día del alimento nuevo con el importante estímulo del plato que más le guste enfrente y que has de ir variando. Te aseguro que si te mantienes firme, no claudicas, no pierdes la paciencia ni descargas tu frustración o enfado sobre él, lo conseguirás.

  • Intentad incluirle en la mesa lo antes posible para comer todos juntos el mismo menú. “Si papá y mamá lo comen, yo también quiero”. Da ejemplo.
  • Y por último, respeta sus gustos: si odia las espinacas pero le gusta el brócoli, no le castigues. Si prefiere la pera a la manzana, compra peras… Los niños, aunque sean pequeños, también tienen sus gustos y sus preferencias.

¡A por ello!