¿Los condimentos son realmente un plus para tu bebé?

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Dra. Amalia Arce – Pedíatra y autora del blog “Diario de una mamá pediatra

¿Qué son los condimentos?

Un condimento o aderezo es un ingrediente que se utiliza para sazonar la comida y realzar su sabor. Estrictamente se consideran condimentos: la sal destinada al consumo humano, las especias y las hierbas aromáticas. No obstante, en la mayoría de ocasiones se entiende que también son condimentos otros productos como el aceite y el vinagre, la mostaza, la mahonesa y el kétchup, y otros tipos de salsas.

Durante el primer año de vida, en nuestro medio, recomendamos con el inicio de la alimentación complementaria utilizar el aceite de oliva en la comida del bebé. No sólo realza su sabor, sino que los ácidos grasos presentes en el aceite de oliva resultan beneficiosos para su crecimiento y desarrollo.

 

Condimentos en menores de 2 años

Mientras que el aceite de oliva es el único condimento que se recomienda, el otro “gran” aderezo, la sal, no se recomienda de ninguna de las maneras en los menores de 1 año, y tampoco en lo que se cocina específicamente para los niños de entre 1 y 2 años.

No introducir la sal en el menú de los más pequeños se debe a dos razones:

  • Madurez de la función renal: el sistema renal del peque aún no es capaz de depurarla.
  • Educar el sabor: si les acostumbramos a sabores salados, es posible que condicionemos sus preferencias en el resto de la infancia y de la vida adulta.

Aunque las últimas tendencias se están fijando de manera especial en el azúcar que contienen los alimentos –y su implicación en la obesidad y algunas enfermedades como la diabetes-, no encontramos tantas “alarmas” con la sal. Sin embargo, un consumo elevado de sal se relaciona con la hipertensión arterial que está directamente implicada en las enfermedades cardiovasculares como los accidentes cerebrales vasculares (ictus) o los infartos de miocardio.

Asimismo, existen estudios que no solamente relacionan el consumo de sal con el riesgo cardiovascular, sino que también lo hacen con la probabilidad de obesidad infantil. Aunque la sal por sí misma “no engorda” parece que sí predispone a engordar: por un lado, al dar un mejor gusto a los alimentos induce a comer más de lo necesario y por otro, la sal provoca sed, lo que puede llevar al consumo de bebidas azucaradas.

 

¿Dónde encontramos la sal?

Siempre pensamos en la sal que voluntariamente añadimos a la comida que estamos cocinando, y aunque tiene su papel, probablemente es poco más de una cuarta parte de la cantidad de sal que consumimos al día. El resto, las otras tres cuartas partes, están en los quesos, el pan, los embutidos y los platos preparados.

 

¿Cuánta sal es “saludable”?

La OMS contempla como cantidades diarias máximas recomendadas de sal el consumo de: 5 gramos para el adulto, menos de 4 gramos en los niños de 7 a 10 años y menos de 3 gramos en los niños de 2 a 7 años.

En cuanto a los productos –y en esto deberíamos acostumbrarnos a leer el etiquetado- se considera que un producto lleva mucha sal cuando lleva más de 1,25g/100g de alimento y lleva poca sal cuando lleva menos de 0,25 gramos/100g de alimento.

En cualquier caso, la sal para uso alimentario debe ser sal yodada, para contribuir al buen funcionamiento de la glándula tiroides.