Los primeros mil días de vida de los niños son fundamentales para el crecimiento y el desarrollo que se va a producir durante el resto de la infancia y en la vida adulta. Existe un creciente interés en promover hábitos saludables y cuidar especialmente esta época de la vida por su repercusión posterior.

Se consideran los 1000 primeros días desde la etapa prenatal al completo -es decir todo el embarazo- hasta los 2 años de vida.

Esos primeros 1000 días de vida constituyen un periodo crítico para el desarrollo cognitivo, para el lenguaje, y las habilidades sociales y emocionales. Para imaginarlo, basta con saber que el cerebro alcanza en esta etapa el 87% de su peso y que entre el 50 y el 70% de la energía consumida se emplea precisamente en el desarrollo cerebral.

El crecimiento y el desarrollo cerebral están determinados por la nutrición, la salud, la protección y el cuidado: ingredientes esenciales para que todo vaya bien.

Los 1000 primeros días

Entre la concepción y los 2 años se van a producir las condiciones necesarias para que se establezcan unos patrones saludables en cuanto a la alimentación. Pero también es la época en la que pueden aparecer una gran parte de los problemas nutricionales más prevalentes como pueden ser el retraso del crecimiento, deficiencias específicas de algunos micronutrientes y la obesidad. Quizá por su prevalencia -en aumento- debiéramos prestar especial atención a la obesidad infantil, ya que 4 de cada 10 niños y niñas de entre  6 y 9 años, según los últimos estudios en nuestro medio, presentan sobrepeso u obesidad. Las consecuencias en la misma edad pediátrica y posteriormente en la vida adulta son elevadas, constituyendo una de las causas prevenibles más importantes de morbilidad y mortalidad, especialmente en el mundo occidental.

Un especial control -de forma más proactiva- durante estos primeros 1000 días de vida, nos lleva a la acción: cuidado del embarazo, promoción efectiva y personalizada de la lactancia materna, así como una adecuada, nutritiva y variada alimentación complementaria.

Embarazo

Los cuidados durante el embarazo son fundamentales, puesto que la nutrición de la madre durante el embarazo afecta al crecimiento del feto, interviniendo incluso en la genética (se conoce como epigenética, la influencia del entorno en la expresión de determinados genes).

Antiguamente se decía a las embarazadas que tenían que comer por dos. Actualmente sabemos que esto no es así: no es necesario comer por dos, pero sí comer pensando en dos, y que ambos tengan un adecuado acceso a alimentos saludables y algunos nutrientes como el hierro y el ácido fólico.

Además, sabemos que la dieta de la madre va a afectar también a las preferencias de los sabores en el bebé. De esta manera, estamos educando la palatabilidad desde edades muy precoces.

Lactancia materna durante los primeros 6 meses de vida

Durante los primeros 6 meses de vida, la lactancia materna es el alimento de elección para los bebés. Posteriormente se recomienda hasta los 2 años o más como parte importante de la alimentación de los niños.

El cuidado de la salud y el desarrollo de los niños implica promover de forma activa el amamantamiento.

Los beneficios de la lactancia materna son numerosos, pero en relación con la nutrición, sabemos que disminuye entre un 15 y un 30% el riesgo de obesidad, y en proporciones similares o mayores el riesgo de diabetes.

La madre lactante también debe alimentarse de forma adecuada debido al paso de nutrientes a través de la leche materna. Las madres deben ingerir alimentos en la cantidad necesaria y con una adecuada calidad nutricional.

Entre los 6 y los 12 meses: inicio de la alimentación complementaria

La alimentación complementaria se introduce durante el primer año de vida, entre los 4 y los 7 meses. Los conocimientos actuales nos llevan a hacer esta introducción entorno a los 6 meses, coincidiendo con la fecha hasta la cual se recomienda la lactancia materna de forma exclusiva.

A partir de los 6 meses, tendremos que ir ofreciendo al bebé una amplia variedad de sabores y texturas. Los requerimientos nutricionales para el crecimiento van a ir en aumento, tanto en cantidades como en la necesidad de que determinados micronutrientes estén presentes en la dieta. Durante el primer año el bebé va a triplicar el peso y su desarrollo psicomotor va a ser exponencial: es evidente que la calidad de la alimentación debe ser óptima. Elegiremos siempre alimentos frescos y de temporada, evitando el consumo de sal y de precocinados.

El principal déficit observado en la población de entre 7 y 12 meses es el hierro.

A partir del año de edad

Los hábitos de alimentación y el gusto por los diferentes sabores siguen perfeccionándose a partir de los 12 meses. La consistencia de los alimentos es cada vez más sólida, algo necesario para el correcto desarrollo de las estructuras de la boca.

Los pediatras solemos indicar a las familias a partir de los 12 meses el bebé puede comer de todo, evitando aquellos alimentos que puedan constituir un peligro de atragantamiento por su forma (como por ejemplo los frutos secos enteros).

Empieza una etapa fascinante donde sentaremos al bebé a la mesa, seremos un modelo muy importante para él y la curiosidad y las ganas de adquirir autonomía van a ir en aumento.

El segundo año de vida nos encontramos con dos circunstancias que son un factor de riesgo para el desarrollo de obesidad.

La primera circunstancia es un consumo excesivo de proteínas durante esta etapa. Parece existir evidencia de que un consumo excesivo de proteínas induce la presencia de una mayor tasa de grasa y en consecuencia un riesgo incrementado de obesidad.

Por otro lado, la frase “puede comer de todo” conlleva a menudo “que se habrá la veda” y empiecen a estar incluidos en la dieta del bebé alimentos con escaso valor nutricional y que con frecuencia llevan asociado un riesgo de obesidad.

Aprender a leer el etiquetado, optar por producto fresco y de temporada, cocinar con poca sal y controlando la cantidad de proteínas y de azúcares libres son tareas que los padres recientes deben tener por la mano.

Dra. Amalia Arce

Pediatra y autora del blog “Diario de una Mamá Pediatra”

Aviso importante: La leche materna es el mejor alimento para el lactante.