9 consejos para que comer no sea un suplicio

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Silvia Álava. Psicóloga y directora del Área Infantil Centro de Psicología Álava Reyes.

Hay muchos padres que solo de pensar en la hora de la comida les entran sudores fríos por las dificultades que sus hijos tienen para comer: se eternizan, protestan, no quieren probar nuevos alimentos.... Si te encuentras en uno de esos casos, te recomendamos seguir las siguientes pautas:

  1. No todos los niños necesitan comer la misma cantidad de alimentos, ni todos los niños son igual de glotones. Algunos tienen menos apetito que otros y conviene respetar las diferencias individuales.
     
  2. Los niños tienen una gran capacidad de observación, y en ocasiones mayor que los adultos. Si saben que la hora de la comida llega a ser un suplicio para los padres, que se desesperan porque no comen, pueden utilizarlo para llamar su atención. Es por eso, que hay que desdramatizar la situación y mostrarse calmados y relajados.
     
  3. Cuidado con las etiquetas. Cuando a un niño lo etiquetamos como un “mal comedor”, se comportará como tal, porque es lo que se espera de él, lo vivirá como algo inherente a su personalidad. Utiliza correctamente los verbos; puede que hoy no se haya comido lo que le tocaba, pero eso no significa que sea un “mal comedor”. A la hora de dirigiros a vuestro hijo pensad en la conducta concreta, por ejemplo: “has tardado 20 minutos en tomarte la sopa”, o “no te has comido las alcachofas”, en lugar de “no comes nada”, “comer contigo es un suplicio”, “siempre te eternizas comiendo”…
     
  4. Cada día hay que poner el contador a “0” y empezar de nuevo enunciando la situación en positivo. Comenzar con el recuerdo de la gran batalla del día anterior, y lo mal que fue, incita al niño de nuevo a que la repita y que su comportamiento en la comida no sea el correcto. Siempre es mejor enunciar la situación en positivo: “sé que hoy vas a comer bien”, “vas a comer tu solito”
     
  5. Pon cantidades pequeñas de comida en el plato. Hay muchos padres que piensan que es mejor poner una gran cantidad de alimento y luego negociar con el niño cuanto se come. Es un error porque cuando el niño ve mucha comida en el plato, se puede agobiar pensando que es demasiada, que no va a poder terminársela y se va a angustiar antes de empezar a comer.
     
  6. Los nuevos alimentos mejor los introducimos poco a poco, en pequeñas cantidades, combinados con otros alimentos que sí que le gustan y además los días que haya tiempo, como por ejemplo en las comidas del fin de semana. De esta manera, sin prisa, será más fácil propiciar un ambiente relajado para ambos y que los nuevos alimentos sean mejor aceptados.
     
  7. No cedas ante el chantaje, eso hará que la situación empeore y que cada vez se haga más insostenible. Piensa que en el medio-largo plazo, lo que queréis es que vuestro hijo adquiera unos correctos hábitos alimentarios y aprenda a comer, no sólo resolver la papeleta del día a día.
     
  8. Procura que tenga más atención cuando sí que come: cuando está sin protestar, o dice qué rico, que cuando está “montando el numerito” con protestas, malas caras, muecas de asco…
     
  9. No le des tú la comida para evitar que no coma o que vaya más rápido, ármate de paciencia y que sea él quien lo haga. Recuerda que el objetivo es que aprenda y fomentar su autonomía, no solo terminar lo antes posible la comida o la cena de ese día.

Ahora que ya sabes todo esto… ¡A comer!